Quete! de Yo no voy a dejar de vivir
Hace unos meses tenía ganas de escribir algo que en alguna oración exclamara algo como “cuando uno tiene 22 años”. Tenía ganas de sacar una foto de mis ideas, sensaciones y sentimientos de joven argentino, de la zona sur del Gran Buenos Aires (esa parte del país que no es ni capital ni el interior), estudiante de Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, zurdo, músico, atisbo de escritor de 22 años. Guardar en un texto un pedazo de mí, un cachito de mi alma, algo que dentro de unos cuantos años vuelva a leer y medite sobre lo que soy en este preciso momento de mi vida. Por lo tanto, voy a proceder a dejar un pedazo de mi alma esta mañana de domingo, cuatro de febrero del 2007 a las ocho de la mañana.
Cuando uno tiene veintidós años se encuentra en algo así como en el Gran Buenos Aires, una etapa de la vida en donde no se está ni un lugar ni en otro, sino, más bien, en una suerte de limbo temporal entre lo que fue y lo que será. En primer lugar, quiero dejar en claro que yo personalmente me siento así, alguna de las personas que conozco se encuentran o más atrás o más allá, pero no es mi caso, yo me siento en el medio, no soy ni una cosa ni la otra. Es una sensación extraña esta de tener 22 años, uno se siente obligado a pensar en el futuro. Y a mí me cuesta mucho pensar en él. Si hay algo que siempre sentí es el temor de llegar a determinada edad y descubrir que uno se convirtió en otra cosa. Para ejemplificar, voy a citar a una amiga que una vez dijo algo como : “¿te acordás cuando eramos zurdos?” (refiriéndose al encuentro con un conocido en el futuro). Y ese es mi temor, despertarme un día y decir “Oh Dios, ¿qué he hecho?”. Dejar de ser como soy, de querer lo que quiero, transformarme en un asalariado promedio que critica al país desde su sillón y decirle a los más jóvenes cosas como “yo a tu edad también era así, pero el mundo es otra cosa”. En fin, asesinarme. Asesinar todo lo que soy. En otras palabras, morirme. Mi principal miedo de 22 años es ese: Morirme.
Por otra parte, también está la soledad. Durante el 2006 fui sintiendo como poco a poco lo que por algún tiempo había sido mi rutina diaria se fue derrumbando. Empecé a sentir que me quedaba solo. Los del interior se querían mudar a la Capital y los de la Capital no querían salir de ésta. Y yo acá, en el Gran Buenos Aires, sintiendo cada vez más tortuosos los viajes en el 112 a la facultad. Ya no me encuentro tan fácil en los demás como hace un tiempo, si es que en algún momento me he podido encontrar. Era tan sencillo construir un tiempo para compartir momentos. Tan fácil quedar a una hora de la noche en la casa de nosequién y ubicar nuestras humanidades en distintos sectores, escuchando música que poco a poco se convirtió en una lista de temas que hoy en día a mi mismo me agota, me aburre. Y compartir toda una noche de nada. Y vivir cada minuto como cualquier otro minuto pero con un sentido de pertenencia, tiempo para mí, para vos, para nosotros, tiempo nuestro, que hoy ya no existe. El tiempo ya no es nuestro. Ya no hay tiempo salvo para un derroche etílico de neuronas un sábado a la noche, algo que tampoco es tiempo. No es tiempo porque el tiempo es algo eterno, es una variable de la que uno dispone para lo que sea. El tiempo del fin de semana, el tiempo de las horas que van desde la llegada de la Capital a la hora del sueño, no son más que ahorros que uno gasta y si no gasta no lo acumula. Porque si hay algo que distingue lo que ya no soy ahora es tiempo acumulado, tiempo para X, todo el tiempo del mundo. Y esa es una de las razones por la cuál le tengo miedo a la soledad. De algún modo, me la rebusco para seguir en el Gran Buenos Aires y administrar el tiempo de un modo que me permita seguir siendo yo. Pero me encuentro con la nada. Y esa es una sensación de la que hoy en día no puedo escapar, salvo a duras penas con los escasos momentos en los que puedo encontrarme con el otro.
Creo que desde los 15 años en adelante si hay algo que hacía era escuchar música. Desde que me despertaba hasta que me iba a dormir, incluso mientras dormía, había música. A los 22 años empecé a no tener esa necesidad de música. Tengo miedo que sea un síntoma del cambio que tanto rechazo, pero creo que se trata de otra cosa. El escuchar música siempre estuvo ligado a una contextualización, a la musicalización de un momento dado de mi vida. Los 22 parecen una película muda. No es que no haya situaciones, pero descubrí que las mismas situaciones tienen su propia música. Sin embargo, la práctica de “escuchar música” se convirtió en una práctica simil a lo que a mí significa “leer un libro”. Hay personas que leen todo el día. Que cuando se les termina un libro empiezan a leer otro. Yo a esas personas nunca las entendí. Yo necesito estar en cierto estado mental para leer un libro. Y no podría terminar uno y empezar otro porque necesito tiempo para digerirlo. Personalmente necesito encontrar un tiempo para leer. No puedo concebir la idea de estar leyendo todo el tiempo porque sentiría que la lectura sería una simple acción. Una acción en la que uno es siempre uno y los libros pasan tal pasa el mundo por la ventanilla del colectivo. Y con la música me pasa lo mismo. Necesito encontrar ese momento en el que tenga ganas de escucharla. De otra forma, lo único que estaría haciendo es gastar electricidad.
Quizás mi problema sea que no quiero aceptar que “tengo que”. Pero...¿tengo qué?. Del único “tengo que” del cuál estoy seguro es el de recibirme, pero no porque tenga sino porque quiero. Y como con la música, necesito encontrar mi tiempo para estudiar, para ir a la facultad. No puedo obligarme a mi mismo a hacerlo, no lo disfruto. Se vuelve un tormento. Siento que todo “tengo que” es una tortura. Me pregunto, ¿es tan difícil encontrar un trabajo que nos permita seguir siendo lo que somos?. ¿Por qué tenemos la necesidad de gastar más si antes no la teníamos? (o la teníamos pero nos hacíamos los boludos). El mundo capitalista nos obliga a vender nuestra fuerza de trabajo para sobrevivir, ok, pero ¿a cambio de qué? ¿Necesitamos realmente todas las cosas que el mundo tiene para darnos? (o mejor dicho, que la economía capitalista tiene para darnos... esa constante demostración de crear necesidades...). ¿Podemos sobrevivir reivindicando lo que somos? Yo pienso que sí. De ahí surgen varios proyectos personales que comparto con otras personas. ¡Gracias a Dios, muchachos, que los tenemos!. Pero tenemos que ser conscientes de que realizar nuestros proyectos tienen como única razón de ser sobrevivir y seguir siendo nosotros. Ayer Juan me dijo algo como “adaptate al sistema”. Eso es lo que tenemos que evitar. La adaptación es una trampa de doble filo, implica una transformación, una transformación que de fondo es solo una transformación ideológica. Hay que comprender las reglas y hay que usar esas mismas reglas contra el sistema. Tengamos un programa de radio, laburemos, pongámosle ganas. Editemos nuestra propia revista. Hagamos una productora de contenidos. Lo que sea. Todo implica trabajo, obviamente, pero también implican trabajos que nos permiten la posibilidad de seguir siendo nosotros. Esa es la idea, loco. Bah, la idea es la Revolución. Pero para la Revolución tenemos todo el tiempo del mundo. Hay que sobrevivir pero no dejemos de vivir.
La vida a los 22 años no es más que un espacio para reivindicarnos. Y no sólo la vida a los 22 años, sino, más bien, toda la vida. Reivindicarse. Ser uno mismo. Porque ahí está lo triste de todo esto. No se puede ser uno mismo. No se puede. La vida está estructurada en meses y los asalariados subimos mes a mes como si fuesen escalones. Escalones a dónde, me pregunto yo...si seguimos laburando hasta que nos jubilan y ahí ya somos demasiados viejos para disfrutar de la vida. La vida en el capitalismo es la negación del ser por la reproducción material de nuestra vida. Vivís pero no sos. Yo no voy a dejar de vivir. Yo no voy a dejar de vivir. Yo no voy a dejar de vivir. Yo no voy a dejar de vivir.
Todo esto que pensaba de los 22 lo sigo pensando a los 23 (porque al parecer, necesité cumplir 23 para escribir lo que sentía a los 22 y reinvindicarme) y espero seguir pensándolo mientras piense.
Yo no voy a dejar de vivir.

4 Comments:
Yo tengo 22 todavia, y te puedo asegurar que comparto un monton de tus sensaciones. Principalmente la de sentirme en el medio de algo que todavia no se que es, y realmente no estoy segura si alguna vez lo sabre. De lo unico que si estoy segura es de lo que fue, y de este limbo. De este limbo que te lleva a no saber donde estas, ni hacia donde vas, o a dudar de los caminos que tomas para llegar a algun lugar... y qué raro!, que raro hacer cosas para llegar a un lugar, que todavia no sabes cuál es... Supongo que ese lugar al que llegaré no está escrito ni determinado, sino que lo voy haciendo día a dia... pero eso se ve cuando ya lo pasaste y miraste hacia atras.. mientras tanto aquí estoy, en mi limbo... a veces lindo y copado, otras sombrío y complicado... pero mío al fin... y lleno de laberintos mentales...
Así que nada, solo queria compartir con vos un pedazo de mis sensaciones que solo en este momento sé que son asi... mañana no lo se...
Para serte sincera además, no puedo decirte q lei en complitud todo tu escrito, porque no es asi.. de hecho, en mis 22 años de vida, solo muy pocas cosas lograron hacer que lea o vea algo en su entera complitud... pero así soy yo...
Te dejo un beso limbico y peculiar de esta porteña que solo quiere salir de capital en contadas ocasiones...
PD: odio el centro, la gente en multitudes caminando por el, la gente con bosas, paraguas y celulares en la calle...
Graciassss...
poner un programa de radio tambien es adaptarse al sistema.vender.concientizate.no serias diferente a un patron,y seguirias siendo empleado de tus oyentes y no podrias decir siempre lo que se te canta,porque si te dejan de escuchar se acaba tu programa.estarias contaminando las radioondas sin utilidad,sin ser escuchado.ademas que egocentrico.que ego enorme.vos sos como sos por como es la sociedad,y como te ubica,no como te ubicas.de todas formas estarias adaptandote y haciendo masomenos lo mismo.
deja de querer ser algo que no es funcional al sistema,que es una construccion de todos (si,de unos mas que d eotros,pero no existe estar por fuera)
dios, la persona q escribio los dos mensajes anteriores se nota q no entendió el texto en sí.
Pero bueno, me estoy acostumbrando a la gente ignorante dando su opinión ignorante.
Me molesta el anonimato y además me molesta que no haya leído el texto en profundidad. En ningún momento nadie habló de hacer cosas "fuera del sistema". De hecho eso es algo q yo nunca digo porq me parece una ridiculez de adolescente q acaba de terminar de ver Matrix.
Sea quien sea (aunque me imagino al careta mentiroso que fue), le recomiendo hacer incapie en la parte q habla de reglas.
Nada más
Publicar un comentario en la entrada
Links to this post:
Crear un enlace
<< Home