Y así es como supongo que... ¿es?
¿qué es lo que no es en algunos momentos del ser o no ser del día a día?. Una llama surge de una botella de éter y surgen los deseos y el pecado y lo otro, lo otro que no sé que es muy bien caundo me levanto y menos cuando me acuesto. Cuando sueño la vida es paragua los días de lluvia y cuando despierto es inodoro, es papel higienico, es cagar, es trabajar, estudiar, amar, abortar.
Aparece el sentido en un lado y el otro. Aparece en un cortado antes del colectivo y viaje de todos los días a lo mismo. Aparece en nuestro estomago cuando vibran los jugos gástricos a la misma hora, hacia le mediodía. Aparece en el subte, cuando un cuerpo eleva las pulsiones de vida y el Eros surge como la única razón de ser. Aparece en el mismo camino de vuelta y en la cena, tipo 9-10, luego algo de televisión, un poco de internet, el despertador para las siete y dark side of the moon. De un lado y del otro del sube y baja.
Cómo poder vencer la tentación de ser fanático de algo más allá del pan arriba de la mesa y las vacaciones, el futuro y los días por venir y los días que van cayendo como ropa para el lavaropas de la memoria. Cómo no ser yo cuando me piden que sea el promedio o la publicidad de cigarrillos o cerveza. A dónde van a parar los colibríes en invierno, más allá de las flores violetas de la ventana del pasillo, más allá de la primavera y el calor, el frío y los colibríes y andá a saber qué más. Cómo vivir neuronas bajo normas conductistas de vida, la hegemonía y la contrahegemonía, el piquetero, el fascista, el negro ignorante. Desear el sol de la playa ante todo y la arena en las zapatillas, lo peor. Lo peor dentro de tantas cosas comestibles del supermercado, de la tecnología y el celular y el reloj y mi brazo izquierdo que rebaja un tumor o un infarto o ceguera en mis ojos y en tus piernas y tus tetas y en tu frasco de pastillas mágicas que no te hacen subir a ningún Reino del Cielo y no hay gigantes, y no hay monstruos, y no hay hormigas bajo la almohada, ratones en tu pollera, cigarrillos en tu cartuchera que te puedan hacer sentir vida. All you need is love y fue, gotas en la ventana o bujías.
Sentir vida en la depresión de un viernes por la noche cuando me doy cuenta de las paredes, del cuerpo envuelto en ropas, de la estufa que pretende reemplazar el calor que deberías darme vos. Salir y darme ceunta de las calles, de las casas y las rejas y las casas y el zoológico urbano, en las villas las más fieras y en el norte los más exóticos pero comunes tigres que veo por televisión. Comprar goma de mascar y correas para atar a los animales, ir a un bar a gastar las vidas que mi vieja fue salvando durante el mes. Desintoxicación de transpiración, de putrefacción, de lo humano que llevamos adentro, de la mierda y el esperma, del olor que tenemos sin perfume y de los dientes amarillos por tanto café o cigarrillos.
El cuerpo no está, se fue como los meurtos y quizás cone llos a un cementerio donde necrofilia es lo más inocente entre todas las aguaardientes perversiones. El sentido. Salir a buscar, salir a buscar el sentido a la vuelta de tu casa, en los ojos de alguien, en la basura y la cloaca de nuestra propia casa. Todos les chupamos las tetas a nuestras madres, así que ¿por qué renegar?. La negación es el primer aborto a la vida.
El sentido, entonces, en enanos de jardín cantando una canción amiga.

